Una vida incierta y nocturna por necesid
Autor: Pablo Vidal
Fecha: 2008-10-27
Una vida incierta y nocturna por necesidad.
La vida de un empleado público que llego a ser dueño del negocio de una de las esquinas más populares de la Zona Rosa de Bogotá.
El sol, el frió, la lluvia rodean las calles de Bogotá durante las horas del día. Las esquinas se convierten en los refugios de algunos que dejan su vida pasar y de otros que simplemente quieren cruzar la vía. La multitud de gente rodea las calles y se cruzan entre si como pequeñas hormigas con afán de dinero para llevar a sus casas y sobrevivir. “Juan” solo espera que el sol desaparezca para comenzar a trabajar y llevar sin tanto agite y menos gente, el dinero que le da para vivir a él y su familia.
La noche llega y las multitudes desaparecen, son muy pocos los que quedan deambulando por las esquinas y calles, ya no hay quien quiera pasar la vía. La oscuridad manda y los seres en busca de otras necesidades más que el dinero aparecen. Ya no se cruzan las personas por las aceras, ni tampoco se refugian en las esquinas. Ahora los carros hacen unas pequeñas pausas antes de llegar a la esquina, las pocas personas que quedan hacen la misma parada rápida y se pierden en la oscuridad. “Juan” es quien provoca esas interrupciones en los trayectos de carros y transeúntes nocturnos.
En busca de una nueva vida
“Juan” es un padre de familia, tiene dos hijos. Uno de ellos esta en el colegio y otro ya es un universitario, los dos desconocen la labor de su padre, pero tienen claro que nunca les ha faltado nada. “Juan” ha podido sortear los obstáculos de la vida de tal forma que el dinero y el estudio para sus hijos siempre han estado presentes. Hace años atrás cuando la noche no era compañera de la vida de “Juan“, él se desempeñaba en un cargo publico, pero por una de esas reformas que suelen hacer los Gobiernos se quedo sin empleo.
Desde ese día “Juan” debió enfrentar las dificultades y tomo la decisión de hacer su propio negocio. Comenzó empleando el dinero de la liquidación en una papelería cerca de su casa. Negocio que no fue suficiente para lidiar con los gastaos del hogar y mucho menos para mantener a sus hijos. Al ver esta situación “Juan” busco otros medios que le dieran el dinero complementario para mantener el nivel de vida al cual estaba acostumbrado.
Un viejo amigo le ofreció a “Juan” un espacio en el trabajo de él, como alternativa para solucionar los inconvenientes de dinero. La reacción fue adversa y de sorpresa al saber de que se trataba la oferta, pero nunca fue descartada. Pasaron las semanas y aunque “Juan” veía que las cosas mejoraban todavía rondaba en su cabeza la idea de hacer parte del negocio de su viejo amigo.
Después de un mes de haber escuchado la propuesta, “Juan” decidió acompañar a su amigo al negocio. Llegaron a la esquina de una de las calles más rumberas del norte Bogotá. Allí el amigo de “Juan” le enseñaba el arte de la noche, los escondites de la mercancía y el manejo de la autoridad. Temas que eran nuevos para “Juan” pero que nunca lo atemorizaron. Como si tal vez viera en este negocio su forma de vida.
Fue una noche larga donde los carros y transeúntes nocturnos hacían pequeñas paradas en busca de la mercancía que ofrecía el viejo amigo de “Juan”.
Cuando llego la hora del balance de ingresos y egresos del negocio “Juan” ya estaba seguro que esa iba a ser su vida de hoy para adelante. El viejo amigo le mostró el dinero y le hizo una tabla, como si fuera todo un contador, para mostrarle lo mucho que podría ganarse en una noche como esas que había sido mala, y de cuanto podría ganar en una de esas buenas. Las pocas dudas sobre el negocio y el futuro que tomaría de ese día para adelante “Juan”, fueron borradas con las ganancias que había obtenido su viejo amigo.
La hora de hacer negocios.
La noche del día anterior había sido larga y un poco agotadora para la cotidiana vida de “Juan”, pero él sabia que desde ese día para adelante esa seria su rutina y que poco a poco se iría acostumbrando.
Al llegar la tarde llamo a su viejo amigo para ratificarle la decisión tomada en el balance y preguntarle sobre las condiciones del negocio. Los requerimientos eran pocos. Para antes de las 7:00 P.M “Juan” debería tener unos $250000 pesos que se invertirían en la compra de la mercancía, horas más tarde iría a la esquina con su viejo amigo para comenzar la noche y hacer negocios.
La rutina fue la misma: los mismos carros y unas cuantas personas más hacían la parada de siempre, los transeúntes se acercaban y todo seguía las reglas expuestas por su viejo amigo. Lo único que cambio fue la presentación de “Juan” a los clientes. El orden no se altero y ya “Juan” se involucraba con esos personajes que aparecen una sola vez por aquella esquina pero tienen el mismo objetivo: comprar drogas. Paso la noche y todo salio como estaba planeado, pero esta vez el negocio tenía un nuevo socio, “Juan”.
Llego la hora del balance y efectivamente esa noche había sido una noche buena. El dinero se multiplico, la felicidad aumento las ganas de seguir de “Juan” y la solución de los problemas por dinero era evidente.
La noche termino y esta vez el balance estaba en manos de él, nadie más le explicaba como salieron las cosas o si fue una noche buena o mala. Era él con su dinero y con lo poco de mercancía que le sobro, sentado en una mesa con un cigarrillo en la mano y feliz por el trabajo hecho. Una de esas noches que se repetiría hasta el día de hoy.
Ahora para “Juan” la papelería solo era una excusa para sus hijos y esposa con la cual sustentaba los dineros que llegaban a casa, porque en realidad los ingresos familiares vendrían de de aquella esquina de la Zona Rosa del norte de Bogotá.
El futuro
“El negocio ha sido muy bueno, llevo más de 3 años en esto y en realidad no creo que me salga pronto. A mi esto me da para comer, le da el estudio a mis hijos.”…” Se que tendré que salir algún día de esta vaina, pero por ahora no lo puedo hacer. Estoy ahorrando para montar otra papelería y pues poder tener mayores ingresos”. Son las palabras de “Juan” cuando se le indaga sobre su futuro como jíbaro y de su papel en el negocio. Son las declaraciones de quien un día al verse ahogado por las deudas y por un estatus de vida, decidió ingresar al mundo de la noche, de las drogas y del juego peligroso con la autoridad.
“Yo no obligo a nadie a consumir drogas, ellos vienen y me las compran, ellos saben lo que hacen con su vida”…”A mi lo que me interesa es que me llegue la plata para vivir, si se destruyen la vida los clientes eso no me interesa, yo necesito sacar a mis hijos adelante”. Los clientes son simplemente una herramienta para “Juan”, son quienes pudriéndose su vida financian la de otros por su adicción. Los consumidores no tienen importancia para un jíbaro, su futuro no les importa, porque saben que aunque terminen sus clientes estrellándose, muriendo por una sobredosis o por cualquier circunstancia, aparecerán otros detrás que vendaran a comprar droga.
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